Científicos y Conaf se unen para conservar la taruka, el desconocido ciervo del norte

Por la facilidad con que se mimetizan en el paisaje, camuflándose entre los pastos ocres del Altiplano, a las tarukas -venado, en lengua aimara- muchos las comparan con brujos que aparecen y desaparecen como por arte de magia. Por eso hay quienes aseguran que toparse con una de ellas trae mala suerte.

Sin embargo, su carácter de especie en peligro de extinción hace pensar que el desafortunado es en realidad este ciervo, que habita en la desértica precordillera de las regiones de Arica-Parinacota y Tarapacá, entre los 2 mil y los 4 mil msnm.

Bastante menos conocido que su pariente el huemul ( Hippocamelus bisulcus ), su población está también mucho más diezmada: se estima que en Chile quedan solo 700 ejemplares de taruka (). Desde 2006 existe un Plan Nacional para su Conservación, aunque son aún pocos los proyectos que se han ejecutado para ponerlo en práctica.

De ahí que en el Seminario de Conservación de Flora y Fauna Nativa, organizado hace unas semanas por la Corporación Chilena de la Madera (Corma), se haya recibido con optimismo un reciente estudio sobre el hábitat de la taruka, fruto de una colaboración entre la Corporación Nacional Forestal (oficinas de Arica y Parinacota y de Tarapacá) e investigadores del Laboratorio de Ecología de Vida Silvestre (LEVS, U. de Chile), el grupo de Investigación Tarukari (www.tarukari.cl) y la U. Austral de Chile.

Hábitat desprotegido

Tras recorrer 525 km en búsqueda de tarukas en zonas precordilleranas de las regiones de Arica-Parinacota y de Tarapacá -incluyendo parte de los parques nacionales Volcán Isluga y Lauca-, biólogos, veterinarios, ingenieros en recursos naturales y agrónomos, junto a guardaparques de Conaf, lograron identificar los sectores preferidos por estos ciervos.

Para ello realizaron recorridos de avistamiento (transectas), entrevistaron a lugareños e instalaron cámaras trampa.

El resultado fueron mapas de distribución basados en el tipo de vegetación y topografía preferidos por la especie.

«Esto nos permitió determinar que el 70% de su hábitat está fuera de áreas protegidas, por lo que para conservarla hay que trabajar dentro y fuera de dichas áreas», advierte Cristóbal Arredondo, médico veterinario de Tarukari y de la U. de Chile.

Aunque su principal predador es el puma, la taruka también compite por recursos con guanacos, vicuñas y llamas, y está expuesta al ataque de perros.

Pero su convivencia con los agricultores locales tampoco ha sido fácil. Su afición por la alfalfa la ha hecho presa de animales domésticos. También se ha intentado mantenerla lejos con cercos de alambre de púas, arriesgando no solo su integridad, sino también su acceso a fuentes de agua.

«Eso ha ido cambiando gracias a que hemos trabajado con las comunidades en consejos consultivos», afirma Carlos Nassar, jefe del Dpto. de Áreas Silvestres Protegidas de Conaf Arica-Parinacota.

Ahora quieren involucrarlas en soluciones conjuntas para su conservación. Una posibilidad es fomentar el turismo de intereses especiales «con senderos de observación de tarukas y guías locales», dice Nassar.

Además, comenzarán a hacer conteos anuales y sistematizados de tarukas, siguiendo una metodología diseñada por los investigadores. Para Nassar, estas acciones son claves: «La taruka es un animal emblemático, y tenemos que tratar de mantener sus condiciones de hábitat lo mejor posible para que siga recuperándose».

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